Una de las funciones de los relacionistas en la más avanzada de las concepciones de la profesión , que es la de CPO (Cheef Perception Officer), tiene que ver con ser la “antena de la organización”, predecir lo que puede pasar con base en el conocimiento de lo que ha pasado a partir de que existe dicha organización y en el momento actual, tanto en el ámbito interno como en el entorno nacional e internacional.
El CPO debe proveer a la presidencia y/o dirección general de la empresa o institución con los escenarios a los que hipotéticamente se enfrentará, como ¿cuál será la tendencia en lo que a prestaciones para el personal se refiere?, ¿cómo evolucionaran los asuntos críticos para la empresa y para la humanidad?, ¿qué tanto propiciará u obstaculizarán las políticas públicas la actividad de las empresas?, ¿cómo cambiarán el clima laboral en las organizaciones las nuevas tecnologías de información y comunicación?, ¿qué tanto incidirá la comunidad en las decisiones de las empresas?
Para ello debe valerse de la Prospectiva, ciencia que estudia el futuro para comprenderlo y poder influir en él. Aunque de hecho es, paradójicamente, una ciencia sin objeto que se mueve entre la necesidad de predecir lo que puede ocurrir y el deseo de incidir para un mejor futuro posible. Porque aunque el devenir no puede predecirse con exactitud, si podemos imaginar nuestro mañana preferido.
El mañana preferido no se dará solo. Si bien el futuro está lleno de variables y de elementos exógenos no controlables por la empresa o institución, hay algunos que pueden gestarse a partir de acciones consistentes o bien modificar la evolución de algunos acontecimientos con una acción oportuna y consistente, a veces propia, a veces aglutinadora de esfuerzos de varias instancias.
Sitúese, estimado lector, cuarente años en el pasado, en 1970, imagine por un momento que retornan a esa época, pero sin saber lo que ha sucedido en este lapso, y que se les pronosticara cómo serán los años siguientes hasta nuestros días.
Si hace cuatro décadas nos hubieran dicho que caería el muro de Berlín y que la URSS se desintegraría acabando con décadas de guerra fría de un plumazo; que Sudáfrica elegiría como presidente a Nelson Mandela; que los Estados Unidos estarían presididos por una persona de origen afroamericano; que cualquier persona podría disponer en casa de una computadora de dimensiones reducidas, pero con capacidad y potencia superior a cualquier mainframe; que con esa computadora doméstica podrían conectar con todo un mundo de información, entretenimiento y posibilidades comerciales; que se podrían concebir bebés en probeta; que se podría cambiar de sexo; que los discos de vinilo serían sustituidos por discos compactos leídos por láser; que dispondrían de teléfonos móviles; que la televisión tendría más de dos canales y más de veinte, y que podría cocinarse con microondas.
Si nos situáramos hace 40 años, por ejemplo, sin un ejercicio previo de prospectiva el común de los ciudadanos veían inviable que algún partido opositor llegara a gobernar en México o que ocupara la mayoría en el Congreso.
Lo que ha pasado en los últimos años en todos los ámbitos ha cambiado al mundo y, principalmente, ha facilitado el acceso a la información tanto en términos de enviarla o recibirá hacia o de cualquier parte del mundo, como con gran inmediatez. Ello ha transformado radicalmente profesiones como el periodismo y las relaciones públicas.
Si les hubieran dicho todo esto en 1970, lo más probable es que no lo hubieran creído, aunque todo se ha cumplido; quizá se hubieran preguntado si no les estaban tomando el pelo, sobre todo si les hubieran dicho que para hacer estos pronósticos habían empleado métodos de prospectiva. Y es que de todas las actividades, conocimientos y prácticas que ha desplegado la humanidad para conocer el futuro la prospectiva es la más joven y desconocida; con apenas medio siglo de vida la prospectiva aspira a descubrir los hechos del futuro mediante los métodos y el rigor que se le supone a la actividad científica.
En un principio, los futurólogos eran genios como Leonardo de Vinci; escritores como Julio Verne, o bien gitanas que pretendían ver lo que iba a pasar en una bola de cristal. Actualmente contamos con la Prospectiva que, como toda actividad joven, está aún en fase expansiva, desarrollándose teórica y profesionalmente, lo cual provoca que convivan en su seno una gran diversidad de maneras de entender y practicarla. La asociación con prácticas esotéricas hace que a los futurólogos actuales les incomode el nombre y prefieren el de “propectivistas”, que ya tiene una connotación más científica . Sin embargo, reducir la distinción entre "futures studies" y prospectiva a una cuestión semántica sería un grave error, ya que designan áreas que no son completamente coincidentes. En Europa, “prospectiva” tiene un sentido muy preciso: Dice Gastón Berger que es la "ciencia que estudia el futuro para comprenderlo y poder influir en él" .
Teoría y compromiso
Entre los primeros se hace hincapié en la importancia estratégica de poder anticipar el futuro; es decir, la traducción económica de la previsión y la planificación. En el mundo académico se enfatizan los aspectos teóricos y culturales del futuro y de la naturaleza del tiempo; la comprensión de los mecanismos que provocan que sea uno, de entre todos los futuros posibles (futuribles), el que se transforma en presente. En los círculos de las ONGs impera lo que podemos llevar a cabo para hacer un futuro mejor (o, como mínimo, para que no sea peor que el presente), en un enfoque orientado a la acción y al compromiso con las generaciones futuras: es el motor.
Ciencia o saber
¿La prospectiva es una ciencia? Sobre ello no hay consenso. ¿Cómo puede existir una ciencia que no tiene objeto? Para muchos la respuesta es simple: no puede, el futuro no existe, y por definición no puede existir, ya que en el momento en que se concreta deja de serlo. El futuro es un concepto mental, una constructo social (algunas culturas carecen de sustantivo para él), por tanto, la prospectiva puede aspirar a ser una disciplina humanística, como la filosofía, por ejemplo, pero no una ciencia. Todo esto es cierto, pero se pueden hacer ciertas matizaciones. En primer lugar, esta crítica que se hace a la prospectiva se puede extender a la mayoría de las ciencias sociales. La economía, con toda su tradición y peso académico y profesional, tendría problemas para pasar un examen estricto de su objeto. Al fin y al cabo, ¿qué es la economía?, ¿existe realmente la economía más allá de la teoría? La ciencia política, a pesar de su nombre, tiene un objeto que resulta, cuando menos, nebuloso. Si tomamos la historia hemos de aceptar que su objeto, el pasado, tampoco existe, y eso no es impedimento para que se estudie; la historia analiza documentos, restos y registros que han llegado hasta hoy, pero no el pasado en sí. Vemos, pues, que el criterio del objeto no puede ser determinante.
Para zanjar el asunto de la cientificidad se puede decir que, si bien la prospectiva carece de objeto real, sí dispone de pseudo objetos que le permiten emprender el estudio de los futuros posibles con el rigor y la sistemática que se suponen en la ciencia.
La prospectiva es de gran utilidad, por ejemplo, para la planeación de las relaciones con el gobierno, para determinar hacia dónde debe orientarse el portafolios de productos, para orientar las actividades de cabildeo y para predecir las expectativas del personal hacia las empresas, entre otras muchas cosas.
En este mundo de cambios acelerados, el interés en el futuro y la prospectiva se acrecienta. Uno sospecha que este fin de de milenio puede que persiga en la prospectiva lo que buscó en la religión, y que los prospectivistas se conviertan en profetas que ofrecen certezas contingentes y dudas sistemáticas. Sin embargo, es innegable que esta disciplina o ciencia es un valioso auxiliar para el relacionista, quien es la conciencia de las organizaciones, y gracias a ella tiene los elementos para orientar en la toma de decisiones de mediano y largo plazo a la alta dirección, para evitar problemas inminentes o aprovechar oportunidades que otros no ven
RP sin fronteras

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